La innovación no es sólo responsabilidad de los superhéroes

La innovación se puso de moda. Qué duda cabe. Hoy, en nuestro país y el mundo hay un boom de diplomados y cátedras universitarias con esta orientación; concursos y reconocimientos a ideas innovadoras y hasta en el discurso político se invoca a la necesidad de innovar.

Sin embargo aún nos falta mucho para acercarnos a los países desarrollados que hacen de la innovación un eje clave de sus políticas públicas, de su quehacer organizacional e incluso de la vida cotidiana de los ciudadanos.

Y al parecer es en la vida cotidiana donde está la clave, porque la innovación está en todas partes. Todos podemos innovar y lo hacemos constantemente; pero no nos damos cuenta, porque estamos a la espera de una idea brillante que nos transforme en un superhéroe innovador.

Pasamos por alto, por ejemplo que para evitar el tráfico de las mañanas o de las tardes, buscamos rutas alternativas. En ese simple cambio y decisión estamos innovando. Cuando inventamos un juego para que nuestros hijos chicos se coman todo; estamos innovando y cuando modificamos un procedimiento de negocio para probar una posible mejora, también estamos innovando.

Parafraseando a Albert Einstein, a veces basta con dejar de hacer siempre lo mismo, para que se produzca un resultado distinto y eso es justamente lo que debe imperar en las empresas.

En general las innovaciones empresariales son resorte de esfuerzos individuales que lograron hacer la venta interna dentro de la compañía y a su vez movilizar al mercado, para que cambiara su punto de vista y así poder percibir el aporte de valor de hacer las cosas en forma diferente.

Sin embargo, la periodicidad y la tasa de deserción son significativas, lo que hace que la empresa se transforme en una organización poco constante en la generación de negocios innovadores.

Ocurre también que las organizaciones no tienen dentro de su misión el valor de innovar. No lo declaran en su adn y por tanto la búsqueda de nuevas ideas no se trabaja en forma sistemática y consistente. Eso las hace depender de los superhéroes, cuando lo ideal es que forme parte de la cultura de la empresa.

En este sentido es crucial que la alta gerencia de las empresas pase del modelo de innovación de superhéroe a incorporar un proceso formal de generación, evaluación y puesta en marcha de proyectos de innovación, en donde participe toda la organización y no se vea restringido a esfuerzos individuales.

Si esto sucede, es más que probable que se haga realidad lo que dice el destacado catedrático de la innovación y ex profesor de la Harvard Business School, Jhon Kao, a nivel individual, empresarial y hasta país: “innovar es la capacidad de lograr el futuro deseado”.

Gonzalo Madariaga
CTO de ISC